Raúl, 1977. El graffiti le provoca chutes artísticos irrepetibles. Detrás de las capas de pintura plástica pétrea y esmalte sintético, se esconde un ojo clínico que conecta con el pulso de la calle.
Proyecto que pretende reconocer el valor del centro de la ciudad de Monterrey no sólo por su historia, importantes monumentos y edificios emblemáticos, sino también por quienes lo habitan.